terça-feira, 19 de novembro de 2013

Las armaduras de la huidiza Rapunzel



Las armaduras de la huidiza Rapunzel


(Última edición 23/04/2013 - trabajo para la asignatura de "Liderazgo, Gestión y Organizaciones" - USACh/Chile basado en el libro "El caballero de la armadura oxidada")


La ironia de la posibilidad de felicidad dentro de cuatro paredes. (Foto: Disney)



Jéssica Godoy (Edición "Sapo")

Estoy de nuevo en el pico de un sendero, pero ya no es el mismo. La condición se repite pero no la circunstancia. Es necesario saltar para sumergirme en mis memorias y también tomar coraje para autodescubrirme. El tiempo y el espacio son como un río: el agua siempre corre, pero se bifurca –siempre- como la primera vez.

Érase una vez una chica que nació y creció en una ciudad pequeña del interior de Brasil. Vivió con sus padres, hermano y algunas mascotas en una casa no muy grande. Sufrió bullying en la adolescencia, amores no correspondidos en la niñez y, como Rapunzel, sintió que la hermética protección de sus padres la pusieron en una torre sin puertas. La sensación que la gobernó por aquel entonces –así lo cree- fue la melancolía. Le gustaban los cuentos fantásticos, género por el cual comenzó a escribir. 

Como un juego, escribir para ella siempre fue una diversión y al mismo tiempo una instancia de ensueño. Ejercitar la imaginación, jugar a ser Dios, tener el control sobre las acciones de los personajes creados, y –sobre todo- elegir espontáneamente los nombres de éstos, era lo que más le gustaba. Después llegaría el tiempo de las aventuras, las novelas policiacas y de suspenso. La consigna de escritura nunca dejó de ser la misma: viajar a un mundo intangible, imaginado, propio. 

Adicta a las telenovelas, transitó su infancia contaminada de ficción. Por eso, no pocas veces creyó vivir en la época equivocada, al observar que las personas de su edad tuvieran hábitos en desacuerdo con el ideal que ella nutria. Eso se decepcionaba. 

A sus papás no les gustaba viajar lejos. Un viaje a los trece años a otra provincia fue una de las cosas más importante de su vida hasta entonces. 

He aquí que me suspendo y digo: fue coherente escribir en tercera persona el relato de mi infancia, pero ya no soy más aquella niña de diez años. La vida es una constante metamorfosis, necesito mi primera persona, atrás quedó el pasado. 

La primera vez que yo tuve que enfrentar un “castillo” muy grande fue cuando comencé la escuela primaria. Mi papá me llevó al colegio y cuando entré él se fue. Me acuerdo como si fuera hoy: el ruido del auto partiendo y la saliva engullida en seco. 

Hubo otros momentos también: el ingreso a la facultad, la finalización de un noviazgo. Fue una época muy difícil para mí. Descubrí que no sabía cómo lidiar con la frustración de perder a alguien y aceptar que no era mejor que nadie, que este tipo de cosas me podían también ocurrir. Mis pensamientos y mis lágrimas fueron mis compañeros por algunos meses. Tenía la esperanza de que aquel llanto oxidara parte de mi armadura para así poder tener nuevas perspectivas que me incitaran a crecer. Sentía amargura y no divisaba que aquel mal estaba haciendo de mí un fantasma: sin oportunidades, sin personas alrededor. Un fantasma.

Muchas personas para mi fueron como “Merlín”. Mis amigos, mis papás, mi hermano y mi perrita (que escuchaba también mis lamentos) ayudaron para que se comiencen a percibir en mi sendero algunas señales. A veces alguna canción, otras veces un mensaje en un mural cualquiera, funcionaron como oportunidades para que me hicieran ver que - a pesar de este mundo que no se detiene para que curemos nuestros sufrimientos- es a partir del dolor que nos tornamos más humildes y nuestro alrededor comienza a verse de una manera nunca antes vista. Por ejemplo: conseguí mi licencia para conducir que me dio la oportunidad de viajar –sola- por mi propia ciudad. Empecé a salir con mis amigos y conocí más lugares y más personas que poco a poco fueron convirtiéndose en mis amigos. Ingresé en cursos y en un proyecto voluntario que me hizo más flexible y aún más sensible. Descubrí que la felicidad solo puede ser satisfactoria cuando hacemos felices a otras personas.

Procuré rellenar el vacío que tenía con el supuesto amor de las personas y no percibí que lo que estaba queriendo en verdad con la caridad era la piedad. No tenía conciencia de que para lograr un amor tranquilo es necesario también sentirse como tal. Es como una carretera de dos manos. Antes que todo, antes que nada, faltaba algo esencial: amor propio.

Aquél sueño de chica de viajar, que se hizo posible en cuestión de dos semanas, consistió no obstante en un proceso interior de coraje. Soñaba con un intercambio a Perú, pero resultaba inverosímil en mi mente. Un día encontré un cupo que me encantó y se lo mostré a un amigo: “-Perú o Polonia: en los dos casos –me dijo- vas a estar sola y tendrás que hacer las cosas por ti misma-”. Decidí que quería lograr un paso más grande que mis propias piernas. Hice la entrevista, fui aceptada, compré el pasaje. Me quedé por dos meses, conocí cuatro países, pasé por diversas dificultades. Fue la experiencia más grande de mi vida, me hizo crecer a una velocidad feroz. No encontrando comparación, éste fue el dragón más fuerte y más monstruoso que yo pude confrontar. 

En los castillos que enfrenté tuve que luchar con el silencio en varios momentos. Cuando llegué a Polonia no hablaba bien el inglés, tuve que escuchar más que hablar cosa que en mi vida siempre hice al revés. Sin duda fue la instancia que más aprendí al hablar el idioma. Por otro lado, aprendí mucho sobre el coraje, la humildad, la alegría, la tristeza, la ambición del corazón, las alas de la independencia, del equilibrio y, sobre todo, sobre el amor por sí mismo y por los otros. Notar, finalmente, que siempre somos la causa y no el efecto en cualquier situación de la existencia.

Tan pronto terminé el intercambio, ya estaba al mes siguiente haciendo otro. La segunda vez es siempre más fácil que la primera y de ese modo está aconteciendo aquí, en mi intercambio en Chile. 

En un principio me sentía en una caja de fósforos: cuándo llegué transité un sofocamiento, por no conocer nada ni a nadie. No obstante, las experiencias hasta ahora me han hecho crecer de una forma pavorosa. 

Ahora estoy en el suelo de nuevo. Puedo ver que tengo un ropero de armaduras, de las más diferentes todavía, pero están todas atrapadas en mí. Cada coraza que se oxida, es como un alivio y un paso para el autodescubrimiento y reconocimiento de que soy amor. Tengo que creer más en mis propias potencialidades, porque si no el miedo y la duda me van a consumir. Tengo que escuchar más. Ordenar mejor mi tiempo. Trabajar mejor mis emociones para que no afecten mis actividades del cotidiano. Ver más al desconocido como una invitación al crecimiento. Aceptar y vivir intensamente mi real condición. 

Como el “rey”, es siempre necesario pasar por varios “Senderos de la Verdad”, diría que más que necesario es inevitable, lo mismo para desviarlo o para volver, las circunstancias y la gana de ser y hacer las personas felices nos retornan al sendero. La caminata solo está comenzando, hay una subida ardua por delante, es necesario pasar por los castillos indefinidamente, porque siempre habrá algo por lo que callar, escuchar, aprender, osar y conocer. Alguna parte de la armadura siempre tenderá a oxidarse y si no intentarnos traspasarla, iremos siempre a quedarnos al margen de nosotros mismos.

Não temos Wi-Fi, conversem entre vocês




"Não temos Wi-Fi, conversem entre vocês"


"Si quieres te cuento por qué te quiero. 

Y si quieres cuento por qué no" 






Jéssica Godoy

Antes de tudo, sim: eu sou romântica e falta um mês para que eu me vá. Ontem a latência das sensações me inspirava a conectar palavras e construir sentidos. Pena que eu não tinha luz, lápis ou papel, ou algum dispositivo portátil. Hoje, as palavras escritas me falham, me faltam; em lugar, um vácuo, um perigoso silêncio. Hoje, e não atualmente, tenho uma relação de amor e ódio por elas. Palavras em qualquer das suas expressões comunicacionais podem ser tão profundas e tão rasas; tão marcantes e tão sem sentido.

Justo essa semana que passou, assisti a um documentário que concorreu a um festival no Canadá neste ano, Noah, tem 17 minutos e acontece todo na tela do computador. Para mim, algo inovador. Não exatamente por essas características descritas e sim por trazer uma reflexão acerca da interferência da conectividade virtual nos relacionamentos entre as pessoas. O documentário faz a gente lidar com dois extremos: de um lado, a maravilha de ligar pessoas a todo o momento em qualquer lugar que esteja; de outro, a superficialidade que não deixa de ter essa relação (a falta do contato, as especulações, a falta de exclusividade momentânea das relações - enquanto conversa com a namorada, o rapaz está em site erótico, conversando com um amigo especulando o que a namorada pensa e os rumos da relação -). Em seguida, mostra a invasão de privacidade e a falta de confiança (alicerce de uma relação) quando o namorado invade o perfil de uma rede social da sua parceira para buscar informações que possam confirmar suas suspeitas (?). No fim, depois de ser bloqueado por aquela que se tornou sua ex (como se houvesse essa possibilidade na vida, na mente), passa a buscar salas de chat onde aparecem do outro lado da webcam os tipos mais comuns desse tipo de site. Até que encontra uma desconhecida bacana, trocam uma conversa interessante, mas efêmera. Ela se vai e nem do verdadeiro nome dela ele se inteira. Evidenciando, assim, a utopia, a falta de controle, o extrapolar das vontades reprimidas na vida real (como o que passa ao jogar The Sims), a imperfeição da conectividade e, consequentemente, a intervenção direta na relação entre as pessoas, algo corriqueiro entre os internautas grupo em que também me incluo. O mais chocante é a identificação do público que assiste com o personagem do documentário. A todo o momento parece que nós estamos fazendo aquilo (porque é algo que realmente fazemos, tirando alguns detalhes, agregando outros, mas essencialmente é a mesma coisa) e bate uma vergonha, porque aquela vontade reprimida (justamente porque fazemos escondidos dos olhos do mundo) é posta de maneira nua para que esses mesmo olhos vejam.

Por que esse relato? Acredito que a intenção dos produtores do curta metragem, jovens como eu, assim com a minha agora, não foi a de demonizar a internet, ao contrário. O mundo virtual é sim hoje indispensável para as relações pessoais. Aproximar ou afastar, ajudar ou não depende do modo como esse recurso é usado. Ou seja, demonizamos a maneira como o homem, como ser humano, utiliza a internet. Não demonizamos a extensão de seu cérebro (computador) ou a de suas capacidades comunicacionais (a própria internet). A “pecinha atrás do computador”, como muitas vezes brinca meu pai, é a única responsável pelos problemas nas relações humanas. É seu uso inconsciente, mal-educado, desequilibrado, sem limites, o grande vilão. E não somente entre mundos virtuais, mas entre a transposição de mundos. Explico-me: do mundo virtual ao mundo real e vice-versa. 




A internet como extensão da comunicação cara a cara deve ser vista como tal e não como substituição, muito menos como distração, sabendo que existe uma pessoa, literal e conotativamente, ao seu lado para dialogar, para dar e receber a mesma atenção. A comunicação presencial é a única em que realmente se pode sentir o que passa a partir de um olhar (como o outro se sente, e não - nunca - o que realmente se passa na cabeça do outro). Essa comunicação não é só feita de palavras, é feita de suspiros intermináveis, gestos e expressões únicas, cheiros inconfundíveis, carinho também único, do tom da voz, de toques e arrepios, de sorrisos espontâneos, de lágrimas, vibrações, sentimentos. E por ser única, é, sem dúvida, uma raridade, desfrutá-la não tem preço.

Pensamentos soltos... Wi-Fi. Distância. Dois dias. Cara-a-cara. Raridade. Relógio. Ânimo. Presença. Oportunidade. Vínculo. Conversas. Amizade. Amor. Expectativas. Memória. Hospitalidade. Encontro. Celular. Desculpas. Omissões. Ciúmes. Dois sentimentos paradoxais misturados: tristeza e alegria. Duas pessoas. Bem, na verdade três. Duas pessoas pessoalmente. Relógio. Ausência. Ausências. Superficialidade. Lonjura. Desânimo. Silêncio. Celular. Uma pessoa virtualmente. Culpa. Um livro. Dedicatória. Relógio. Desinteresse. Regresso. Celular. Mensagens virtuais. Arrependimento. Desperdício. Carência. Anos-luz. Abatimento. Angústia. Vazio. Rejeição. Fim. Inconformada, eu suspiro.

Faltaram abraços, mas mais do que isso, onde estavas? Faltou mesmo conexão, e não me refiro a do Wi-Fi, que teve de sobra. Também não encontrei a mim em muitos momentos, encontrei foi um masoquista e incontrolável monólogo, mental. Muito menos a nós, num sentido muito mais amplo do que se poderia querer julgar. Não sei o que responder, tampouco tenho vontade. Nessas horas, palavras não conseguem ser mais fortes do que atitudes. Nem mesmo seria uma carta de um quilômetro toda escrita “eu te amo”. Palavras são vãs diante de atitudes que não as justificam. Atitudes são marcantes diante de palavras que não as justificam. O equilíbrio saudável estaria nas duas, palavras e ações, condizerem reciprocamente. Não sabe o que quer, eu sei que isso não quero. Não te esquecerei. Não me esquecerás. De nada, nem disso. A não ser que tenhamos Alzheimer. Escreverei um livro: um conto sempre conta dois contos? A Semiótica de Peirce diria talvez uns tantos mais. Um signo gera outro signo e assim sucessivamente. A história de dois amantes que, no final (da existência e não da história em comum) ela sofra de Alzheimer, ela! Talvez essa inspiração nada mais seja a vontade de que o esquecimento exista, da minha parte, e também a transpiração do egoísmo meu ao desejar que, durante meu esquecimento, recordes de tudo. Hipóteses. Especulações. Malditas especulações. Enquanto isso vivo com a vontade de, parafraseando uma canção argentina, voar para o lado de quem "me queira" de verdade. Claro, "te quiero" no sentido da língua espanhola que, assim como a palavra "saudade" da língua portuguesa, há talvez uma aproximação, nunca uma tradução. Voar como símbolo de liberdade, da consciência de que, mais do que ser, sentir-se livre é como se abraçar o mundo fosse mais do que uma ingênua ilusão.

Quanto ao Wi-Fi, mais do que respeito e educação, desligá-lo e conversar entre si, é uma questão de consideração. Os dois primeiros tem a ver com ética, o segundo, pessoalmente falando, com amor. E se já não há a espontaneidade do amor, já nada mais vale à pena.




"Marina Abramović y Ulay tuvieron una apasionada relación amorosa en la década de los 70's. Cuando sintieron que se extinguía, hicieron un pacto: recorrerían la Muralla China, cada quién desde un extremo para encontrarse en el centro, darse un fuerte abrazo y no volver a verse. 

Muchos años después ella expuso su arte en el Museo de arte MoMa de New York.

Como parte de la exhibición, ella se sentaría un minuto en silencio y solo mirándose a los ojos expresarían su sentir después de haber visto la exposición, frente a ella. Observa lo que pasó cuando sorpresivamente, él se sentó..." 

A tale of a not so unknown man


 A tale of a not so unknown man


One of this stories which, more than in our mind, happens materializing itself in cold sands...


Jéssica Godoy


That was a gray afternoon. Sky with your stacked clouds announced a thunderstorm. At first, I only could see a black pair of shoes walking slowly by a stone’s street. And then, I could see the man. He’d worn a long brown coat, on his head an old beret. Just one hand had taken a glove, the other one hadn’t appeared: maybe he didn’t have it by birth, by a guilty of a specific moment, maybe because his hand had been closed and the sleeve coat hid it, maybe not those one, it just had been fool suppositions.

The first drops of rain had started to fall down touching those ancient huge dark walls and had melted a mix of snow and mud in some wells in the sidewalk and the street. A freezing wind turned his lips into violet. He had continued walking with the same speed that before. In a suddenly moment, he had stopped, had looked in front, “Wroclaw” was written in a place that looked like a train station. He had breathed deeply and, then, closed his black eyes of restless look, which was confirmed dark circles bellow them.

I’m sure, he was a foreigner in Poland like me. Absolutely not by some aspects of his personality, described in that moment by gestural communication, after all, taking off the morals and culture, people are the same everywhere, but definitely because of his physical appearance.

Had he missed someone, more than one, only one? For what kind of experience did he pass? He had seemed worried about, but I won’t know what or why. It was crazy. Not because he was originally from another country, maybe so far from here, because obviously he could have come here when he was a child… But the loneliness had called the attention, not just because he was without a partner, a group of people, a woman, a man, a child, a pet, but definitely his attitudes had shown he missed something. He had gone on to walk by the way would take him to the station. But he’d hesitated for a moment and had come back. He had stopped for a while in a tram stop on the sidewalk. He waited for two unending minutes, stopped. He’d picked “the number 9” and had disappeared in a middle of people what was dressed like him.

What happened, what had happened, what will happen with the guy? He had been an unknown man, who had distracted my attention for around a half hour. Some people in our life distract us and we don’t know why. Maybe we know. Maybe we try to hide from ourselves. Maybe this sort of person carries with himself some part of us, we share with them the same (or seems to be the same) desires, fears, motivation, affliction. It means a state of contemplation of us by another (person), a kind of mirror, to see an outside situation in order to look better inside of us. In order to reorganize our thoughts, feelings, or to try to understand them. Sometimes it is masochism masked by a fake pleasure, or is nostalgia, and if this is confirmed, sadly it can’t be fixed. I’ve just continued on my way, crossed the street, I’ve pressed my bones together trying to keep warm. “This night is really freezing”, I thought. I rang the bell, the third floor. Above me, a sign “Babel Hostel”. My thoughts just had been fixed in sensory sensations on that piece of moment. I looked for my hand, I’d been without gloves. I’d supposed the way until the Fresh Market would be fast, it was in the middle of the block. We never suppose how many opportunities or casual things can happen in a little time, in a short distance. I’ve started to think that the nature of things helps us to leave aside, even it happens for a moment, some worried thoughts. My attention, my thoughts, my body had just looked for that cold. The door is opened. And I’ve entered fast. I’ve left behind the wind, not myself. I’m not sure if I amazed it or not. Could I understand me? And you? Some months later, someone is going to tell me a statement someone told him sometime: “a tale always tells two tales”. Now it is more understandable. Could you?